Las tradicionales cemitas fueron uno de los tipos populares de pan y en la actualidad siguen elaborándose casi de la misma forma.
El horno de cemitas tiene su sala de amasijo y peso; ya acomodadas, las piezas se espolvorean con ajonjolí. Los panes, sobre láminas, se meten al horno mediante grandes palas de madera.
Una vez cocidos se sacan y se ponen a enfriar sobre la dura piedra de las salientes del mismo horno. Este pan era uno de los más baratos de la ciudad y junto con el panbazo se expendía en la plaza pública, donde se le podía ver acomodado en canastos repletos. Allí, los cemiteros lo preparaban abriéndolo y rellenándolo de queso de rancho, aguacate criollo, cebolla y pápalo. Se le añadía también barbacoa, pollo o pata de puerco encurtida con sus chiles jalapeños o chipotles.
Su preparación es sin duda una popular tradición poblana.